Arte

Representación en el arte

LA REPRESENTACIÓN EN EL ARTE

 

Autor: Efraín Amador Sánchez

Hasta hace algunos años se concebía el acto de leer como pasar la vista por lo escrito o lo impreso, haciéndose cargo del valor de los caracteres pronunciados o no pronunciados.[1] Sin embargo, en la actualidad dicho concepto se ha ampliado y ahora el pensar que sólo se pueden leer las palabras resulta limitado, ya que, desde la perspectiva de la Semiótica, todo aquello que podemos percibir en nuestro entorno social o natural se convierte en un texto que podemos leer: un campesino puede leer en las formas, en la cantidad y el color de las nubes, la presencia de la lluvia. De la misma manera, podemos decodificar una serie televisiva, un mitin o una obra artística.

La ensayista y novelista Susan Sontag sostenía que muchos teóricos coinciden con la idea de que una sociedad llega a ser moderna cuando una de sus actividades principales es producir y consumir imágenes; cuando las imágenes ejercen poderes extraordinarios en la determinación de lo que exigimos a la realidad y son en sí mismas enunciados sustitutos de las experiencias de primera mano, se hacen indispensables para la salud de la economía, la estabilidad de a política y la búsqueda de la felicidad.

En el ámbito artístico es posible transformar cualquier idea en imagen, color, forma, sonido o movimiento. Por tal razón, resulta conveniente intentar leer la obra de arte para ir más allá de lo superficial, como cuando simplemente pensamos que una obra nos gusta o no, pero no podemos explicarlo con argumentos o, por el contrario, podemos analizar la obra de manera más profunda, a partir de los elementos que la conforman. Para eso nos sirve conocer los aspectos de contenido y forma (temática y técnicas) que han sido revisados previamente). Ahora es conveniente incluir otros factores presentes en la obra, para tener más elementos para entenderla y disfrutarla.

 

La representación

Para el Filósofo alemán Arthur Shopenhauer la representación es la forma ilusoria y sensorial del mundo. La obra es una realidad atrapada que nace de la percepción del autor, es decir que los creadores, de manera consciente o no, plasman su idea muy particular de los fenómenos o de los objetos que construyen, pero no es la realidad en si misma.

En una novela o una película de corte histórico es probable que encontremos una serie de referentes que nos permiten entender de manera más clara el suceso abordado, pero para reconocer dicho pasaje de forma más objetiva es necesario remitirse a un texto de Historia. Aun cuando se trate de un producto de las artes visuales, el artista elige el ángulo que desea captar y puede tener ingerencia sobre la luz y el color que estarán presentes en la obra.

Un mismo fenómeno puede ser representado de muy diversas maneras. La Revolución Mexicana fue una temática recurrente para muchos de los artistas connacionales de la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, la manera en que fue representada resulta contrastante. Por poner un ejemplo, mientras que Diego Rivera, en murales como La maestra rural, El reparto de tierras o La sangre de los mártires fertilizando la tierra, muestra como un logro de la Revolución, al reparto agrario representado por campesinos que han dejado la lucha para integrarse al pacífico y productivo campo mexicano, en la obra de Juan Rulfo, la realidad del México post-revolucionario es lacerante; de manera específica, en el cuento Nos han dado la tierra, Rulfo plasma un medio rural miserable, en el que a los campesinos solo les han entregado tierras áridas.

Roger Callois señala que existe una clasificación para los juegos, uno de ellos es el mimicry (mimetismo), donde el sujeto juega a representar a otro, para lo cual se puede disfrazar con la mascara y otros elementos. Esta forma de juego es probablemente el origen de muchos rituales, entre ellos el teatro.[2] Sin embargo, el sujeto es conciente que se trata de una representación y no de la realidad.

Es erróneo considerar al arte como una mera imitación del mundo físico o una imitación de los sentimientos humanos. Como ya ha quedado claro, el artista no realiza una copia de su entorno; lo representa. Y, para ello, puede utilizar algunos recursos con los que podrá transmitir cómo ve el mundo. Entre estos recursos podemos citar el símbolo, la alegoría y la metáfora.

 

            Un ejemplo bastante notable de cómo las distintas representaciones de una misma obra pueden trastornar considerablemente tanto las significaciones como la estructura formal de una manifestación artística, se encuentra en el cuadro Las Meninas de Diego de Velázquez, al compararlo con las reinterpretaciones hechas por Picasso, Manolo Valdez y Jaqueline Vanek.

 

Las Meninas

Diego de Velázquez

Las Meninas

Pablo Picasso

 

Las Meninas

Manolo Valdez

 

Las Meninas

Jaqueline Vanek



[1] Sartra, Marta, (1990), Guía para Promotores  de Lectura, México DF. CONACULTA.

[2] Callois Roger, (1986), Los juegos y los hombres. La máscara y el vértigo, México, Fondo de cultura económica.

 

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: